Un domingo cualquiera, mientras regresaba de una de mis presentaciones, no podía dejar de pensar en lo mucho que nos atrae el comportamiento violento y todo lo que lo acompaña; asesinos, psicópatas, narcotraficantes…, hasta un simple accidente en el lado opuesto de la carretera hace que frenemos al pasar a su lado para intentar captar una imagen de lo sucedido.
¿Simple curiosidad?
Estoy convencida que algo de eso hay, pero no es lo único ni lo más importante, ya que consumimos violencia no solo cuando la encontramos en nuestro camino por casualidad, sino que la adquirimos en distintos formatos de forma voluntaria; cine, noticias, libros, podcasts…
Durante algún tiempo, en una época muy lejana de la actual, se llegó a pensar que solo las personas sin maldad sentían curiosidad por ésta al ser esto totalmente opuesto a su carácter. Evidentemente esa teoría se desarmó en cuanto echaron la vista atrás en la historia, ya que, en la antigüedad, el comportamiento agresivo que hoy llenaría páginas en los periódicos y minutos en los telediarios no solo era el entretenimiento general, como hoy puede ser la televisión o TikTok , sino que cuanto más violento o agresivo eras, más valiente y valioso se te consideraba.
En escritos como La Iliada de Homero, la violencia se glorificaba como expresión de valentía y habilidad en la batalla y pensadores griegos como Esparta Licurgo (siglo IX a.C), que fue el creador del sistema político de Esparta, ponían el énfasis en la disciplina y la preparación para la guerra siendo la violencia y la agresividad cualidades muy valoradas para la supervivencia del estado.
Entonces, si no nos atrae, porque es lo opuesto a lo que somos, ¿por qué nos llama tanto la atención?
¿Por qué algunos de los asesinos más violentos de la historia recibían tantas cartas de admiradores o de curiosos que podrían llegar a formar un Club de Fans? Siento decir que, a esa pregunta, no le podemos dar respuesta con «simple curiosidad».
Estoy convencida que los centenares de cartas que Ted Bundy recibía a diario tras entrar en la cárcel por sus crímenes no eran por simple curiosidad.
¿Qué tenemos los seres humanos, que podemos llegar a adorar a personas capaces de tales comportamientos?
Quizás sea cierto que tenemos un gen de la agresividad en nuestro ADN, tal y como nos indican algunos teóricos y como nos muestran algunos estudios, el más reciente el realizado en la universidad de Barcelona donde han encontrado 40 genes relacionados con el comportamiento agresivo (Un estudio científico identifica cuarenta genes relacionados con la conducta agresiva en humanos y en ratones – Actualidad – Universidad de Barcelona (ub.edu)
Pero, si la explicación es que está en nuestro ADN, ¿por qué algunos nos conformamos simplemente con leerlo o verlo en la ficción y otros necesitan ir más allá y hacerlo real?
Mis conocimientos y experiencia con distintos perfiles me ayudan a responder a muchas de estas incógnitas, ya que la psicología nos permite encuadrar esos comportamientos dentro de distintos trastornos que explicarían los actos violentos y en función de las características podrían explicar por qué algunos individuos simplemente lo piensan y otros lo ejecutan.
Encontramos muchos trastornos que a través de su sintomatología pueden dar explicación a por qué un asesino violento se comporta así. Podremos encuadrar muchos de estos perfiles en trastornos de la personalidad como el psicópata, el sociópata, el narcisista o el trastorno límite de la personalidad además de los brotes psicóticos.
Pero ¿podemos explicar todo comportamiento violento a través de un trastorno psicológico?
Mientras daba mis primeros pasos en el apasionante mundo de la psicología, estaba convencida que así era, pero la experiencia me ha puesto delante casos que me han hecho dudar y cuestionarme si la maldad, en el sentido más amplio de la palabra, era la base de algunos de esos comportamientos, aunque pueda estar acompañada a su vez de un trastorno que sea el que al final permita que ese comportamiento tome forma y salga a la luz, haciendo desaparecer todas las barreras que lo contenían.
Por ejemplo: cuando escuchas por primera vez a una persona explicarte que la única razón por la que quita vidas es por satisfacer la curiosidad de saber lo que se siente, empiezas a plantearte si este comportamiento se explica simplemente con un trastorno de personalidad o necesitas altas dosis de oscuridad para empezar a gestarse.
Pues bien, hasta el momento no he encontrado una respuesta absoluta que me satisfaga, no sabría asegurar si estos comportamientos son una suma de maldad y trastorno, o si una desencadena a la otra.
Y ahí os dejo la pregunta: ¿Maldad, trastorno o una mezcla de ambos?
Prometo seguir buscando la respuesta y escribirla para vosotros un domingo cualquiera.

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