Un domingo cualquiera —y en esta ocasión cualquier día de la semana—, las noticias se han hecho eco del caso de Daniel Sancho. Dicho caso ha conmocionado a todo el país, no solo por la crudeza de lo acontecido, si no por ser el hijo de un personaje público. Quizás por esa razón está siendo el tema de conversación de muchas de mis reuniones, ya sean de trabajo o sociales, todo el mundo está hablando de ello y dando opiniones más o menos descabelladas.
Dejando a un lado a la figura conocida y centrándonos sólo en los hechos, como si de una persona anónima se tratase, la pregunta que más veces me han realizado es;
¿Ese comportamiento es normal o existe un trastorno que lo explica?
Vamos a empezar por el principio y determinar que consideramos un comportamiento normal en psicología:
Son las acciones, pensamientos y emociones que son coherentes con las normas culturales, sociales y biológicas de una sociedad y contexto determinado. Al considerarse el comportamiento como adaptativo debemos considerar la normalidad como un espectro y no como un estado fijo y rígido.
Si tomamos en consideración la definición de comportamiento normal, podemos concluir que lo que sucede en este caso no puede considerarse como normal. Ahora bien, la cosa se complica cuando queremos ir más allá y nos preguntamos si subyace una patología y, si es así, de cuál se trata.
Para los profesionales de la salud mental, es verdaderamente difícil por no decir imposible, llegar a conclusiones solo con la información o imágenes que podemos encontrar en la televisión o la prensa. Para poder ofrecer un diagnóstico se necesita una evaluación exhaustiva, no solo del suceso como tal, sino de hitos importantes a lo largo de la vida de las personas implicadas. Así pues, no es factible diagnosticarle clínicamente con la información que tenemos.
Entonces, ¿podría presentar cualquier patología o trastorno de personalidad? En el sentido más amplio de la pregunta, sí podría ser, pero también puede que no lo presente.
De la misma forma que no podemos llegar a una conclusión por falta de datos, si podemos lanzar hipótesis sobre las patologías más probables que podría padecer. Según mi criterio, algunos de los trastornos a considerar son:
- Trastorno Antisocial de la personalidad: dentro de este trastorno encontramos los conocidos cómo psicópatas, y es el trastorno donde es más fácil encuadrar el comportamiento violento, ya que se caracterizan por no tener empatía, falta de remordimientos y tendencia a saltarse las normas. Estas cualidades hacen que existan menos barreras para frenar comportamientos violentos como el asesinato en situaciones determinadas.
- Trastorno límite de la personalidad: las personas diagnosticadas con este trastorno presentan un alto nivel de impulsividad y un miedo irracional al abandono que va acompañado de una gran inestabilidad emocional. Aunque no suelen llegar a extremos violentos que terminen con la muerte de otros, en situaciones de gran alteración e inestabilidad emocional pueden perder totalmente el control de sus impulsos y protagonizar conductas de violencia extrema.
- Trastorno de personalidad narcisista: las personas con este trastorno se caracterizan por sentirse superiores a todos los demás, ese sentimiento sumado a la falta de empatía y a la necesidad casi enfermiza de buscar admiración, puede desembocar en comportamientos realmente violentos, incluso llegando a terminar con la vida de otros cuando no consiguen lo que creen que solo ellos merecen.
- Esquizofrenia: dentro de este trastorno, podemos encontrar síntomas como las alucinaciones, los delirios o el pensamiento desorganizado, que pueden llevar a la persona que las presenta a creer que terminar con la vida de una persona es su única salida.
Estos son algunos de los trastornos que podrían encuadrar el caso, pero no podemos olvidar que los seres humanos somo únicos para salirnos de las estadísticas por lo que puede que estemos ante una mezcla de varias cosas o que no tenga nada que ver con ninguna.
Ahora bien, como profesional existen determinadas características o incluso momentos que me han llamado poderosamente la atención y que son realmente los que hacen que me interese por el caso en sí.
Es totalmente posible que en una situación determinada y presentando un estado emocional alterado, pueda producirse la muerte de una persona sin que esa sea la intención. He visto los suficientes casos a lo largo de mi carrera para poder asegurar que esto pasa más veces de las que nos podemos imaginar. Ante situaciones desesperadas se pueden desencadenar conductas que en otro momento serían impensables e incluso que atenten contra nuestros valores.
Para mí la clave del caso es lo que sucede después. Si bien la pérdida de control de impulsos con un final catastrófico se puede explicar sin intencionalidad, el cómo se deshace del cuerpo requiere de planificación y foco, es imposible explicarlo como algo impulsivo.
Es como si se diesen dos momentos distintos, no solo temporalmente, sino también a nivel emocional. Existe un primer momento que se puede atribuir a un estado de exaltación muy intenso donde agrede y termina con la vida de una persona por sentirse amenazado y atrapado, y otro con un estado emocional lúcido y enfocado que le aporta la suficiente claridad mental para planear como descuartizar el cuerpo y deshacerse de él.
¿Pueden darse ambos estados emocionales consecutivos en una misma persona?
La respuesta a esa pregunta es que podría suceder, la complejidad de los seres humanos hace muy difícil meter al 100% de ellos en una única respuesta. Ahora bien, lo que si tengo claro es que es algo que merece la pena analizar en profundidad.
Y por ello, prometo seguir buscando respuestas a éste y muchos otros temas y venir a contároslas un domingo cualquiera.
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