Un domingo cualquiera, mientras escuchaba de fondo en las noticias un nuevo caso de la denominada violencia de género, una pregunta comenzó a revolotear por mi cabeza.
¿Realmente, la violencia tiene género?
Vamos a empezar estableciendo qué entendemos por comportamiento violento o agresivo. Dicho comportamiento se define como cualquier acción, verbal o física que tiene la intención de causar daño o intimidación.
Con este marco de definición tan amplio, a priori, no parece posible que se pueda asignar a un género con mayor probabilidad que a otro. Aun así, encontramos multitud de estudios sobre género y comportamiento violento que muestran una clara tendencia de uno sobre otro.
¿Pero, realmente es tan sencillo?, es decir, ¿naces con un determinado género y tienes más probabilidades de ser violento?
Como con casi todo lo que tiene que ver con el ser humano, nada es tan sencillo. Las personas estamos influenciadas en todo momento por multitud de variables que inciden en nuestra conducta, incluso en la conducta violenta. Y no debemos olvidar que los seres humanos, además, tenemos la capacidad de tomar decisiones, capacidad que nos hace diferentes a los animales.
Ahí realmente es donde radica la clave y la diferencia entre quienes tienen pensamientos violentos —que levante la mano quien no los ha tenido alguna vez— y quienes los llevan a cabo.
A lo largo de mi carrera he podido ver comportamientos violentos con resultados atroces en ambos géneros. Si bien es verdad que la agresividad física parece estar más presente en el género masculino, el género femenino no está exento de conducta violenta.
¿Qué sucede con los homicidios?, si los tomamos como la expresión última de la agresión física, ¿cometen más homicidios los hombres que las mujeres?
Los estudios al respecto así lo indican.
No obstante, yo sigo pensando que el resultado final de terminar con la vida de una persona tiene más que ver con la decisión de hacerlo que con el género.
Si tomamos esos mismos estudios que dirigen la balanza en la agresión física hacia el género masculino, también encontraremos que el género femenino es más propenso a la violencia psicológica y social. A priori puede parecer que no estamos hablando de lo mismo ya que parece normal pensar que no hacen el mismo daño los actos o palabras que los cuchillos. Pero como profesional os puedo asegurar que el daño que producen determinados actos o palabras mantenidas en el tiempo son igual de devastadores que el uso de un arma.
Un ejemplo de comportamiento que causa daño a terceros y que se da principalmente en mujeres es el conocido como Síndrome de Munchausen por poderes, o como se conoce clínicamente, Trastorno facticio impuesto a otros. Dicho trastorno se caracteriza por causar síntomas de enfermedad sobre personas que normalmente están a su cuidado para despertar la compasión y la atención de los que les rodean y, como mostro la película El sexto sentido, en ocasiones puede terminar con la muerte de la persona sobre la que se están simulando los síntomas.
Otro ejemplo muy actual, por desgracia, en el que el comportamiento o las palabras están causando graves daños a otros es el acoso a través de las redes o el aislamiento social. Ambas conductas forman parte del comportamiento violento de carácter psicológico y social y se da significativamente de forma más elevada en el género femenino.
Entonces, ¿podríamos decir que no existen diferencias con respecto al comportamiento violento o agresivo en función del género?
Me temo que si la pregunta que formulamos, por ejemplo, es ¿qué genero comete más asesinatos? La respuesta que encontraremos será la misma que aparece en los estudios, donde los hombres la encabezan con una clara diferencia, pero con la formulación de esa pregunta volvemos a poner el foco principalmente en el comportamiento agresivo físico, en el que no existen dudas que tiene un claro ganador.
Pero, que pasaría si cambiamos la formulación de la pregunta a:
¿Qué género es responsable de más muertes?
Estoy convencida que los resultados variarían sustancialmente, aunque posiblemente no igualarían ni cambiaria la balanza de lado.
No obstante, prometo seguir buscando respuestas a este y muchos otros temas y venir a contároslas un domingo cualquiera.
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